Cómo cargarse una cerveza (II).”A mi sin espuma, ¿eh?”

Hola, amigos cerveceros. Continuamos hablando de algunos errores más o menos extendidos que se suelen cometer a la hora de disfrutar una buena cerveza.

Cómo cargarse una cerveza, II. “A mi sin espuma, ¿eh?”

En el capítulo anterior vimos cómo echar a perder una cerveza no tomándosela en serio, gracias a una serie de artefactos que convertían la cerveza, ese líquido que tanto apreciamos, en algo más parecido a un juguete que a una bebida.

Lo cierto es que no hace falta complicarse tanto para perpetrar un crimen cervecero; a veces basta con una simple frase. Una frase como la que da título al post.

¿Quién no ha escuchado alguna vez en un bar a un presunto amante de la cerveza pidiendo al camarero que le sirva una cerveza “0’0… espuma”?

Sí, la verdad es que cada vez es menos frecuente, pero todavía hay quien piensa que la espuma en la cerveza es algo así como las hojas de fuera de la alcachofa, que en el fondo no sirven para nada, y si no nos las ponen (y no nos las cobran) mejor. De ahí el “¿eh?” pillín que hemos incluido en la frase; porque el bebedor de cerveza sin espuma está convencido de que está siendo más listo que los demás, ya que su vaso tiene un 100% de cerveza y 0% de “inútil” espuma, no como los de otros…

También hay quien considera poco estético el clásico “bigote” de espuma que se te puede quedar, aunque la verdad es que hace falta beber con mucha ansia para que eso suceda. Incluso podemos entender que el colectivo de personas con bigote real tiendan a rehuir el contacto entre éste y la cerveza, ya que está comprobado por un estudio que el bigote “se bebe” parte de la cerveza.

Hablando en serio, una cerveza sin espuma es una cerveza sin cabeza; sin identidad y sin calidad. La espuma de la cerveza es el resultado directo de la calidad y tipo de fermentación a la que fue sometida la cerveza. Durante este proceso, la levadura libera alcohol y dióxido de carbono en la bebida, y descompone los azúcares y almidones de la malta que se haya usado, de manera que la bebida se gasifica de forma natural. En resumen; la espuma nos está dando información sobre la cerveza que estamos disfrutando.

En el momento de degustar una cerveza, la espuma es importante por dos razones:
Porque al subir y explotar las burbujas de dióxido de carbono, la bebida libera todos los aromas presentes; es mucho mas fácil distinguir los aromas en una cerveza con una espuma decente que en una sin ella.
Al estar siempre presente una capa de espuma, y tampoco hace falta que sea demasiado gruesa, se evita o se aminora el contacto del líquido con el aire, y esto nos sirve para que la bebida no se oxigene y para que no pierda el gas tan rápido.

O sea, que la espuma de la cerveza hace de “tapa”, protegiéndola.  ¿Y no decimos siempre que la cerveza se disfruta más con una tapa?


Al pedir una cerveza, por ejemplo una caña, debemos esperar encontrarnos con un mínimo de un dedo de espuma. Una caña bien tirada presenta una espuma compacta, que dejará huella en el vaso a medida que se vaya consumiendo y nos ayudará a disfrutarla de principio a fin.
Dejar en el vaso la cantidad y textura justa de espuma es uno de los aspectos a tener en cuenta en el arte de servir una cerveza adecuadamente merece la pena recordarlo.
Otro enemigo de la espuma de la cerveza es el hielo en el vaso, pero eso, entre otras cosas, formará parte de un futuro post dedicado al tema de la temperatura. Hasta entonces seguid disfrutando vuestra cerveza con espuma… y con cabeza.